jueves, 26 de julio de 2018

Reposo



Jueves.  Universidad Central de Venezuela. 6:30 P.M.


Te conocí un sábado, 2 marcaba el calendario. Por ironía, te di un último beso el 3, como si en el reloj hubieran transcurrido apenas veinticuatro horas. Poco tiempo como para que me dolieras, pensaba, pero al salir del edificio con tu perfume en mi nariz, y la garganta a punto de deshacerse, entendí que a ambos nos dolía.

Había pasado el tiempo, la última vez que nos vimos supe que no volvería a escucharte, tomar tu mano, ni recostarme en tu pecho. Jamás volvería a besarte.

Había una parte de mí que sabía todo esto, le daba igual.

Hoy esto lo escribe la parte a la que no le das igual.

La parte que te está siguiendo por los jardines universitarios mientras cae el sol y llovizna, llovizna engañosa, como todo el clima en Caracas.

Me ordenaste seguirte, y apresuraste el paso cuando comenzó a llover. No me creía lo que estaba pasando, habías regresado.

Ensimismado en mí, disfrutaba la lluvia, frialdad contra la piel que me ardía de vergüenza, o de alegría, o de deseo. Sobre mi piel una chaqueta que absorbía toda el agua.

Giraste, iba detrás de ti. Mi cabello estaba empapado, todo tú estabas empapado. Otros dos giros, pasando la Biblioteca Central, luego ese círculo verde en medio del asfalto en Plaza Venezuela, corrí un poco para posicionarme a tu lado, toqué tu brazo un instante, momentos después te detuviste.

El sol pintaba todo el escenario de naranja. Los atardeceres como a mí me gustan.

Tú al frente de mí, totalmente mojado.

Yo sonriéndote como siempre. 

Tú más guapo, yo igual de desastroso.

- ¿Qué dijiste?
- Por qué no llamaste.
- Ha pasado tiempo, ¿para qué iba a llamarte?
- Me has visto por allí, sabías que estaba de regreso, y no se te ocurrió entrar en contacto. Intereses.
Antes de continuar, por impulso, por probar terreno, porque me preocupabas, que sé yo, limpié con mis mangas una parte de tu rostro mojado por la lluvia.
- Muy predecible.
Dijiste mientras tomabas la tela de mi camisa y terminabas de secarte el resto de la lluvia. Acaricié tu mejilla.
- ¿A mi casa?
- Sí.
Me tomaste la mano. Pregunté si estabas seguro de lo que hacías.
- ¿Importa? Tengo tiempo libre.
Se sentía como la primera vez que caminamos tomados de las manos. Me gustaba tu calor.

Fue cuestión de minutos llegar a tu casa, la vista era perfecta, toda Caracas desde tu ventana.

Apreciamos la vista mudos. Hasta que me abrazaste. Y el contacto fue liberador.

- ¿Lo intentamos?
Habíamos dejado algo por hacer la última vez. Me besaste, y te respondí el beso. En tu cara se reflejó una pregunta.

- He estado practicando.
- Sí, pero este lo guío yo.
Profundizamos el beso -si es que un beso puede tener fondo-. Te acariciaba, cada sensación no podía ser de este mundo.

No lo era. 

Desperté con la sensación de tus labios fresca sobre mi piel. La cara ardiendo de vergüenza. Lágrimas en los ojos que no quería tener, y un vacío en el estómago.

Estaba quebrándome cinco días después de. Estaba molesto.

Estaba extrañándote.

Estaba despierto.


R.

domingo, 22 de julio de 2018

Agarra










La sangre del meñique
dista cosénicamente
(inversa)
al beat que te carcome las entrañas.

Ese par de pupilas ciegas por la negrura de mis miodesopsias
ese par de senos acubiertos
sin manta térmica en los neumáticos
(nada de gasolina).

Empecé en mi mente y acabé en tu carne
con la sonrisa en la puerta y
sin rimas
en el verso blanco de un pestañeo ifigenio.

¿Extrañas las rimas, vos decís?

Te voy a escribir la mierda que solía escribir cuando empecé.

Quitame el fácil verbo conjugado que empiezo con el subjuntivo y en el imperativo tropiezo dándome el ablativo superlativo un beso terso que carcome mis fonemas introversos en pleno desplome lleno de edemas y universos que militan en el seno disperso de lo que jamás fue ni será controverso- tangencial entre lo que das y lo que va-, ni entre lo que viene o se aparecerá como perverso en la piel húmeda de interfémures que recorro y con los que converso travieso con blancos vineajes y rojos oleajes y toda esta puta mierda sin mensaje porque la vida viene y va entre pasajes -caros murajes que parecen finos trajes de hierba escondida aunque te fajes- y acerba la cabizmordida entre los linos y epa, pasaje de nuevo pero cuando te bajes, del pony de la mula de lo que ya no furula y de lo que trepa en la mesa desnuda y lo que interviene entre cepas y pesas, entre uvas y camellos con dudas, en la rima y el beat, en la barra y el ritmo, en el ir y venir que ya tanto digo, en la parra que abrevian los finos, los que llaman punky punky a la mierda que escribo, en el rhyme and poetry que ya no concibo, porque se ha vuelto tan mierda lo bueno, que lo bueno termina carcomiendo a lo que escribo, y tiento a la cuerda lerda con mi mano izquierda, y me rompo el femoral con la mancuerna y mierda, todo concuerda, todo encaja en este mundo de mierda, en este mundo en el que cualquier cosa es buena mientras te haga feliz o sonreir, porque así de gafos somos, buscando donde comer y donde dormir, en las noches de necesidad, cuando ventea la incapacidad, cuando florea tu caducidad, lo poco que vales y lo poco que das, lo poco que lubricas tu propia lubricidad, lo que entra y no sale y los locos pasajes que rezas antes de irte a acostar, viendo al cielo que en realidad es techo, pensando que la araña que cuelga al acecho te está escuchando y no se está pajeando con tu pecho, con tus divinos pechos; pobre mierda inocente que después de coger pide perdón, como si el pecado te alimentara tal pescado -sofrito qué ricura un dorado de puerto cabello, de puerto rico, extraño esos momentos tan bellos tan ricos-, hoy momento soñado- antaño tan normalizado. ¿Cara o sello? No me frunzas el ceño. Antaño la vida y antaño las letras, hoy vivimos de verdades falsas y mentiras incompletas, entre lo que ya sabes, entre lo que viene y lo que va, dentro de lo que cabe. Dentro de lo que sale, hasta que acabe. Ya sabes, montaje. Bienmesabe. El jarabe. Depende, ¿de qué depende? De según como se mire todo depende. ¿Vuelan en invierno las aves? Quién sabe. Qué va a saber este tropical enano marico, todo enano, todo marico, con su jodido y lindo trajecito. Creyendo que enseña porque dicta, porque repite, porque enuncia, porque convida lo que alguien alguna vez le regaló. Algunos dirán que Dios. Alguno dirá que fui yo. Pero yo no soy el que se fue, no fui yo el que huyó.









sábado, 14 de julio de 2018

panic attack











despierto

espero amanezca

y me llame el vacío

buscando llenarse de muerte


vacío de mi madre

vacío de cerveza

vacío del polvo que no echaste


camino, deambulo,

entreno y me trono los dedos,

los recuerdos, la lengua...

me quemo los ojos


vacío de certeza

vacío incertidumbre

vacía también la mesa


soy un diccionario abierto sin definiciones

la cola de un gato,

la cabeza de un perro callejero

y las alas de las aves en invierno


vacío de los besos

vacía la despensa de los quesos

vacío del calor (los zapatos)


me corro, recorro el recodo de la nada,

del abismo

de ser desconocida

de abrirme las heridas...


vacía la caseta

vacío

vacío

vacía la camioneta la carretera (los domingos)


salgo, paseo con la muerte

tanteo lo siguiente

me embriago, me embrujo

me olvido,

tiro hasta los dientes.



vacía la maleta

vacías las caderas

vacío

vacía...


me encuentro de frente

al vacío

y me arrojo en sus trenes

me recuesto de sus sienes...


vacío

vacío el que siente

vacío pretendo

vacío adormecido

futuro ilusiorio...


vacío me bebo de frente

vacía me sirve la mente

para dejar acabarme

en la boca

a la muerte.