lunes, 19 de marzo de 2018

Desviación estándar












Por un momento no supe si debía escribir en un sitio, u otro, pero luego reconocí el tinte confesional de mis dedos, en las hojas manchadas que dejé en el escritorio del camino. Al tiempo, reconocí lo confuso que resultaba analizar las manchas, y entendí que estaba en presencia de un híbrido. La ebriedad es mental en medida de lo posible, pues imposible se hace cuando ya la ebriedad no es mental. Quizá, sí, tautológico. Esa sensación de ebriedad me la recuerda perfectamente la bebida que más me alcoholiza: el ron. Un buen trago puede hacerme recordar mil locuras, es una especie de entrada a un mundo pluricorde en el que todo lo que hay, escapa a Funes, el memorioso. Esa necesidad de liberarse para escribir, es la misma que hay y se ejecuta para actuar. Me recuerdo ebrio, caminando a las cocinas, buscando no sé qué. O ebrio, caminando hacia los baños, buscando orinar. En el camino siempre veía el suelo y me decía estás feo. En el espejo nunca me decía nada, irónicamente. Solo sonreía, quizá. Mentalmente pasaba de todo. Solía analizarme como otra persona, pero en silencio. Juicio silencioso. Así luce un ebrio. Mira los ojos, allí está todo, ¿no, Chico? Bioy Casares era el que recordaba, de la enciclopedia, que los espejos y la cópula eran abominables, ¿no? Por multiplicar a los hombres. Aturdimiento, también recuerdo. Y, por supuesto, mareos. Desorientación, para ser más preciso. Lo más insólito es que, por más desorientación, siempre se llega al objetivo. La desviación estándar de uno (uno siendo media aritmética) llega a su máximo entonces, pero nunca es suficiente para matar a un ruiseñor. Después de todo, no pones datos errados en un informe. Mucho menos calculas desviaciones estándares de datos errados. La susodicha desviación es un progreso en la humanidad: es la aceptación de lo distinto, de lo imperfecto, de la humanidad. Créaseme cuando digo que hoy la idealización de lo perfecto ocurre aceptando orgullosamente que somos imperfectos. Hasta da grima escribir esas cosas juntas, pues forman parte de una discursividad posmoderna que desvaría constantemente sobre temas ulteriores diacrónicamente. Es decir, ese orgullo, en realidad es la debilidad hecha mentira, que asimismo se vuelve verdad. Quizá es el proceso más natural, biosicológicamente hablando. Definitivamente funciona. Y funciona porque el primer paso para mentir, es creerte, tú mismo, tu propia mentira. Así suelen pasar desapercibidos los espías ante un polígrafo. Estos mal-llamados detectores de mentiras miden respuestas fisiológicas del interrogado que serán comparadas con respuestas 'canon' que se registran en un handbook. O así recuerdo. Quizá lo confundo con aquel método de Espectroscopía de Infrarrojos con la Transformada de Fourier que usé en mis pasantías de química. Hacíamos las espectroscopías y los resultados eran curvas de datos que no podíamos interpretar sin el handbook correspondiente, que hacía las veces de leyenda para cada fragmento de la curva. Así, este pico es nitrógeno, este otro es el isómero del carbono, estos dos son hidrógenos, radicales libres. Miéntete a ti mismo, y no te pondrás nervioso, no sudarás, ni temblarás, mucho menos emitirás ondas, frecuencias, o producirás hormonas relacionadas con la mentira. Porque la mentira solo es mentira cuando sabes que es mentira. Si no sabes que es mentira, entonces o es verdad, o es algo incomprobado por el momento, pero no necesariamente falso. El polígrafo es débil en ese aspecto, siempre lo ha sido. No se debería poder medir la veracidad de una mentira si este último ente es un entramado psicológico, moral e, inclusive, un ente existente que se sale de un hipotético carácter óntico y raya en el carácter ontológico de su propia esencia; ser. Recuerdo especialmente a Azula afirmando muy verosimilmente que era un oso gigantesco frente a una tipa (con su animal) que sabía detectar mentiras. O algo así. Por eso funciona. Y seguirá haciéndolo. Es difícil recuperar una idea sin ser específico cuando ya tienes un tema de por medio que casualmente también es referenciado por la oración que quieres hacer que haga regresar a. Ese 'regresar a' foucaltiano. Las preposiciones al final de una oración son... Actualmente no sé si ya Fundéu recomienda su desuso, o si está permitido prescriptivamente, pero, digamos que no es válido, a priori. No estamos en inglés. Pero sabemos de. ¿No? Es divertido. Al final, funciona. He hablado de todo menos de lo que quería hablar: el tiempo es temporal, y no todas las estrellas que se ven en el cielo, son estrellas. Las estrellas fugaces no son estrellas, son asteroides, o meteoritos, y si son fugaces, porque vienen y se van, pasan y quizá no las veamos más, entonces todas las -verdaderas- estrellas del cielo son fugaces. Solo que tardan más en pasar. Por eso el tiempo es temporal, y las estrellas son estrellas, pero las fugaces no; excepto estas. Las reales, son fugaces también. Pero se repiten día a día, con periodos raros pero notables. El tiempo nos da la clave. Si fuéramos hormigas, que, debido a su pequeño tamaño, relacionando espacio-tiempo, notan el tiempo más lento (con respecto a nosotros), viéramos aquellas estrellas que para nosotros son fugaces, como estrellas normales que van pasando poco a poco por los límites de la bóveda celeste. Y las normales seguirían siendo normales, ¿no? Solo que un poco más lentas en sus andares. Irónico darse cuenta de que todas las estrellas siempre fueron fugaces, y que pudimos haber pedido miles de deseos. Ahora que la magia se ha ido, ya quizá no vale la pena ni mirar al cielo, pues se acabaron los deseos. ¿Por qué pedirle deseos a algo común, que siempre puedo ver y además entender? Al menos aún existe Dios, aunque Nietzsche haya demostrado que ya está muerto.












-JLKr

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