martes, 17 de abril de 2018

Diario, #59









Iba camino al trabajo y mé pescó la lluvia, mientras caminaba y cada gota tocaba y se resbalaba por mi piel pensaba de alguna manera que en maracay también llovía y que quizás esas gotas también podrían tocarla sentí una conexión ilógica entre mi deseo desesperado por saber de ella y sonrei como una niña saltando charcos, llegué goteando, mi ropa estaba totalmente empapada, mé vi al espejo, estaba desaliñada y sencilla y de pronto su nombre escapó de mis labios en un suspiro leve acompañado de un susurrado te amo. Un par de gotas cayeron adicionalmente pero estas eran distintas, eran saladas, fue justo allí donde mé di cuenta que mi llanto se había mezclado con la lluvia en todo el camino y no mé fije porque inconscientemente sólo al verme al espejo descubrí la tristeza que denotaba mi rostro y los enrojecido que estaban mis ojos, hice un esfuerzo miserable por sonreír como todos mis pateticos días pero fue en vano y seguí con la débil esperanza de que al terminar el día podría saber algo de ella.







sombra







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