jueves, 26 de julio de 2018

Reposo



Jueves.  Universidad Central de Venezuela. 6:30 P.M.


Te conocí un sábado, 2 marcaba el calendario. Por ironía, te di un último beso el 3, como si en el reloj hubieran transcurrido apenas veinticuatro horas. Poco tiempo como para que me dolieras, pensaba, pero al salir del edificio con tu perfume en mi nariz, y la garganta a punto de deshacerse, entendí que a ambos nos dolía.

Había pasado el tiempo, la última vez que nos vimos supe que no volvería a escucharte, tomar tu mano, ni recostarme en tu pecho. Jamás volvería a besarte.

Había una parte de mí que sabía todo esto, le daba igual.

Hoy esto lo escribe la parte a la que no le das igual.

La parte que te está siguiendo por los jardines universitarios mientras cae el sol y llovizna, llovizna engañosa, como todo el clima en Caracas.

Me ordenaste seguirte, y apresuraste el paso cuando comenzó a llover. No me creía lo que estaba pasando, habías regresado.

Ensimismado en mí, disfrutaba la lluvia, frialdad contra la piel que me ardía de vergüenza, o de alegría, o de deseo. Sobre mi piel una chaqueta que absorbía toda el agua.

Giraste, iba detrás de ti. Mi cabello estaba empapado, todo tú estabas empapado. Otros dos giros, pasando la Biblioteca Central, luego ese círculo verde en medio del asfalto en Plaza Venezuela, corrí un poco para posicionarme a tu lado, toqué tu brazo un instante, momentos después te detuviste.

El sol pintaba todo el escenario de naranja. Los atardeceres como a mí me gustan.

Tú al frente de mí, totalmente mojado.

Yo sonriéndote como siempre. 

Tú más guapo, yo igual de desastroso.

- ¿Qué dijiste?
- Por qué no llamaste.
- Ha pasado tiempo, ¿para qué iba a llamarte?
- Me has visto por allí, sabías que estaba de regreso, y no se te ocurrió entrar en contacto. Intereses.
Antes de continuar, por impulso, por probar terreno, porque me preocupabas, que sé yo, limpié con mis mangas una parte de tu rostro mojado por la lluvia.
- Muy predecible.
Dijiste mientras tomabas la tela de mi camisa y terminabas de secarte el resto de la lluvia. Acaricié tu mejilla.
- ¿A mi casa?
- Sí.
Me tomaste la mano. Pregunté si estabas seguro de lo que hacías.
- ¿Importa? Tengo tiempo libre.
Se sentía como la primera vez que caminamos tomados de las manos. Me gustaba tu calor.

Fue cuestión de minutos llegar a tu casa, la vista era perfecta, toda Caracas desde tu ventana.

Apreciamos la vista mudos. Hasta que me abrazaste. Y el contacto fue liberador.

- ¿Lo intentamos?
Habíamos dejado algo por hacer la última vez. Me besaste, y te respondí el beso. En tu cara se reflejó una pregunta.

- He estado practicando.
- Sí, pero este lo guío yo.
Profundizamos el beso -si es que un beso puede tener fondo-. Te acariciaba, cada sensación no podía ser de este mundo.

No lo era. 

Desperté con la sensación de tus labios fresca sobre mi piel. La cara ardiendo de vergüenza. Lágrimas en los ojos que no quería tener, y un vacío en el estómago.

Estaba quebrándome cinco días después de. Estaba molesto.

Estaba extrañándote.

Estaba despierto.


R.

domingo, 22 de julio de 2018

Agarra










La sangre del meñique
dista cosénicamente
(inversa)
al beat que te carcome las entrañas.

Ese par de pupilas ciegas por la negrura de mis miodesopsias
ese par de senos acubiertos
sin manta térmica en los neumáticos
(nada de gasolina).

Empecé en mi mente y acabé en tu carne
con la sonrisa en la puerta y
sin rimas
en el verso blanco de un pestañeo ifigenio.

¿Extrañas las rimas, vos decís?

Te voy a escribir la mierda que solía escribir cuando empecé.

Quitame el fácil verbo conjugado que empiezo con el subjuntivo y en el imperativo tropiezo dándome el ablativo superlativo un beso terso que carcome mis fonemas introversos en pleno desplome lleno de edemas y universos que militan en el seno disperso de lo que jamás fue ni será controverso- tangencial entre lo que das y lo que va-, ni entre lo que viene o se aparecerá como perverso en la piel húmeda de interfémures que recorro y con los que converso travieso con blancos vineajes y rojos oleajes y toda esta puta mierda sin mensaje porque la vida viene y va entre pasajes -caros murajes que parecen finos trajes de hierba escondida aunque te fajes- y acerba la cabizmordida entre los linos y epa, pasaje de nuevo pero cuando te bajes, del pony de la mula de lo que ya no furula y de lo que trepa en la mesa desnuda y lo que interviene entre cepas y pesas, entre uvas y camellos con dudas, en la rima y el beat, en la barra y el ritmo, en el ir y venir que ya tanto digo, en la parra que abrevian los finos, los que llaman punky punky a la mierda que escribo, en el rhyme and poetry que ya no concibo, porque se ha vuelto tan mierda lo bueno, que lo bueno termina carcomiendo a lo que escribo, y tiento a la cuerda lerda con mi mano izquierda, y me rompo el femoral con la mancuerna y mierda, todo concuerda, todo encaja en este mundo de mierda, en este mundo en el que cualquier cosa es buena mientras te haga feliz o sonreir, porque así de gafos somos, buscando donde comer y donde dormir, en las noches de necesidad, cuando ventea la incapacidad, cuando florea tu caducidad, lo poco que vales y lo poco que das, lo poco que lubricas tu propia lubricidad, lo que entra y no sale y los locos pasajes que rezas antes de irte a acostar, viendo al cielo que en realidad es techo, pensando que la araña que cuelga al acecho te está escuchando y no se está pajeando con tu pecho, con tus divinos pechos; pobre mierda inocente que después de coger pide perdón, como si el pecado te alimentara tal pescado -sofrito qué ricura un dorado de puerto cabello, de puerto rico, extraño esos momentos tan bellos tan ricos-, hoy momento soñado- antaño tan normalizado. ¿Cara o sello? No me frunzas el ceño. Antaño la vida y antaño las letras, hoy vivimos de verdades falsas y mentiras incompletas, entre lo que ya sabes, entre lo que viene y lo que va, dentro de lo que cabe. Dentro de lo que sale, hasta que acabe. Ya sabes, montaje. Bienmesabe. El jarabe. Depende, ¿de qué depende? De según como se mire todo depende. ¿Vuelan en invierno las aves? Quién sabe. Qué va a saber este tropical enano marico, todo enano, todo marico, con su jodido y lindo trajecito. Creyendo que enseña porque dicta, porque repite, porque enuncia, porque convida lo que alguien alguna vez le regaló. Algunos dirán que Dios. Alguno dirá que fui yo. Pero yo no soy el que se fue, no fui yo el que huyó.









sábado, 14 de julio de 2018

panic attack











despierto

espero amanezca

y me llame el vacío

buscando llenarse de muerte


vacío de mi madre

vacío de cerveza

vacío del polvo que no echaste


camino, deambulo,

entreno y me trono los dedos,

los recuerdos, la lengua...

me quemo los ojos


vacío de certeza

vacío incertidumbre

vacía también la mesa


soy un diccionario abierto sin definiciones

la cola de un gato,

la cabeza de un perro callejero

y las alas de las aves en invierno


vacío de los besos

vacía la despensa de los quesos

vacío del calor (los zapatos)


me corro, recorro el recodo de la nada,

del abismo

de ser desconocida

de abrirme las heridas...


vacía la caseta

vacío

vacío

vacía la camioneta la carretera (los domingos)


salgo, paseo con la muerte

tanteo lo siguiente

me embriago, me embrujo

me olvido,

tiro hasta los dientes.



vacía la maleta

vacías las caderas

vacío

vacía...


me encuentro de frente

al vacío

y me arrojo en sus trenes

me recuesto de sus sienes...


vacío

vacío el que siente

vacío pretendo

vacío adormecido

futuro ilusiorio...


vacío me bebo de frente

vacía me sirve la mente

para dejar acabarme

en la boca

a la muerte.














jueves, 19 de abril de 2018

Positivación











La lucecita del pasillo titilaba, titilaba muy lentamente, muy, pero muy lentamente. Titilaba desde la rejilla inferior de la puerta. Ella era solo el resquicio de un reflejo que se perdía en múltiples direcciones. Su fragmentación. Era repetitiva, como los parpadeos de toda la habitación. Era repetitiva como su fragmentación. Repetitiva como el resquicio de un reflejo que se perdía en múltiples direcciones. Las paredes, por su lado, mullían el eufémico silencio de la oscuridad, mientras la pequeña y singular ventana, de la izquierda, despreciaba a la misteriosa brisa, con un particular silbido. Las paredes, tenues, acentuaban lo que era inacentuable durante el día, y perturbaban las sinuosidades, inherentes a los senoides. Nada más obvio que ello, nada más tautológico que aquella lucecita. Mis manos acariciaban cada tecla como si de un pecho se tratase. Como si del pecho de él... se tratase. Sus líneas eran octométricas, piruménicas, bitriandales. Me encantaba delinearlas con mis sonidos. Eran mis líneas. Mías. Los polvorientos techos eran la zona que, después de tantos polvos, siempre quedaba inexplorada, y me hacía sentir que todavía tenía un quefacer. Era yo una virgen tan insatisfacible que al mismo tiempo tenía miedo de ser satishecha. El techo entonces, allí: bajo mi falda, reflejado en mis manantiales; después de todo me quería comer el suelo. La seductiva calma gris que guiñaba los ojos por los ventanales de atrás, guarecía la sonrisa esquimal de mis sudores. La humedad sofocaba. Todo, absolutamente todo, fasta aquel instante en el que me timbré, como si el aula estuviese despierta, como si las horas habían concordado en ser inversas. Como si era tiempo del como si.

Un tacón y dos vinieron, interrumpiendo todo el oleaje titilante. Intermitente como ella, pero exhausta no. Intémpere y atémpore, vigilante por la locomoción, por la acentuación del segundo. Parecía ser todo parfait: un Mississippi, dos Mississippi, tres Mississippi. Podría ser eterno, pero todo subjuntivo eventualmente muere. Y murió con el morir de la lucecita. La sombra era mi nuevo norte: la magneticidad del Sur había desaparecido. Salvajes y atorrantes gemidos venían desde los ventanales. La rejilla temblaba de miedo, y la singular ventana de la izquierda despreciaba a la brisa con un particular silbido. No se trata de la conjugación unitaria: o la fisión atómica como diría el pizarrón, se trata de una queja, de una profanación nefanda que raya en lo insconsciente. Pero no hay parpadeos. El parpadeo siempre indica el despertar. La iris renunciando a las miodesopsias, el pestañal gimiendo y la retina retumbando. No: no había. ¿Y el manantial? La llave se cerró a sí misma, el ego, y abrió al otro, el alium. Torque, momentum. No facía halta facer cálculos: había miles de latidos ya calculando. Multiplicándose, dividiéndose. La mitad del indicativo (contrario al subjuntivo) me lo perdí, por andar centellando mis ojos. La luz verde de pronto se volvió gatsbiana. Era gigantesca y lejana. No titilaba, rotaba. Torque, momentum inercial. Nada centrípeta, toda centrífuga. La rejilla había muerto, el aura sombría del porvenir se acercaba. Cada tacón era distinto, y al ser dos, eran los mismos. Un paso, otro paso. Era una línea recta como cualquier otra. Ya no lucía tan parfait su caminar. La inervación de mis terminaciones fue in crecendo hasta ese límite tan conocido por nosotros. Nominada defecto por miedo, o por defecto. Estallé en vida, sintiéndome demasiado cerca de la muerte. Se puso frente a mí, con sus dos enormes piernas, sus dos enormes tacones. Abrió sus piernas en mi mente, pero cerró la toga fuera de ella. Una media vuelta y se sentó, en mi sitio, pero no sobre mí. La luz se prendió y, como revelación, ya no había nada de lo que había habido: el negativo.








krissem

martes, 17 de abril de 2018

Diario, #59









Iba camino al trabajo y mé pescó la lluvia, mientras caminaba y cada gota tocaba y se resbalaba por mi piel pensaba de alguna manera que en maracay también llovía y que quizás esas gotas también podrían tocarla sentí una conexión ilógica entre mi deseo desesperado por saber de ella y sonrei como una niña saltando charcos, llegué goteando, mi ropa estaba totalmente empapada, mé vi al espejo, estaba desaliñada y sencilla y de pronto su nombre escapó de mis labios en un suspiro leve acompañado de un susurrado te amo. Un par de gotas cayeron adicionalmente pero estas eran distintas, eran saladas, fue justo allí donde mé di cuenta que mi llanto se había mezclado con la lluvia en todo el camino y no mé fije porque inconscientemente sólo al verme al espejo descubrí la tristeza que denotaba mi rostro y los enrojecido que estaban mis ojos, hice un esfuerzo miserable por sonreír como todos mis pateticos días pero fue en vano y seguí con la débil esperanza de que al terminar el día podría saber algo de ella.







sombra







jueves, 12 de abril de 2018

La isla que se hundió.









No hay príncipe egeo
destruyeron mi casa
comieron mi hacienda
ultrajaron a mi madre.
Los reyes lejanos
no me invitaron a sus festines
los dioses no velaron mi partida
ni mi regreso.

No hay rey egeo
no murió
a los pies de la muralla de Ilión.
No náufrago
bajo las piedras del cíclope.
Se convirtió en cerdo
bajo el hechizo
de la dulce  muerte
se convirtió en chorizo.

No hay Penélope
esposa de un cerdo
te fuiste con Eumeno.
En la cabaña mísera
se comieron a Argos
y follaron en una cama
hecha de madera de Olivo.






Alex~

jueves, 5 de abril de 2018

El abordaje









A las manos que llenan este espacio vacío


     La oficina y los segundos. Tic tac, como un disparo en la sien. El calor sofocante, el ventilador oscilando entre las paredes secas de tanto sudar, y ese zumbido característico de las mentes cansadas. El reloj marcaba la hora, pero te costaba levantarte del asiento. Cerraste los documentos, vagaste un rato por el feisbuc... Nada interesante. No podías aplazar más lo inaplazable.

     En la calle te aferraste al maletín, como quien coge del brazo a un buen amigo, a un amante. El espacio hostil se movía a tu alrededor y tú permanecías estático, avanzando sin avanzar, en la catábasis cotidiana. El bulevar y sus sonidos triviales —tribales— conocidos, como tatuados en el tímpano; sus olores revoloteando en la billetera: los golfeados que no comprarías, el cigarro que intentabas dejar. La torre dominando la escena: el tiempo, el tiempo, el maldito tiempo.

     Abajo, la muchedumbre se movía como un río, como un cuerpo. Te quedaste por un segundo allí, perplejo, ante la baranda, sopesando el horror del campo de batalla. Parecías un ángel bajo la luz agonizante, escasa. Suspiraste, te oí por un segundo y creo que fui el único que pudo. Te vi parpadear dos, tres veces, y bajar las escaleras con la espalda erguida, con el rostro impasible. Te vi aceptar lo inaceptable.

     Te formaste en una formación informe. Y los niños chillaban tanto como los rieles. Sopló una brisa apocalíptica, como anunciando el caos, exhalando el miasma en la atmósfera. Las puertas se abrieron de par en par. Cediste a la presión, a las manos apretando tu cuerpo contra otro y otro cuerpo. El maletín temblaba como una pluma mecida por el viento. Pero este viento era de carne y hueso. De brazos y piernas y plexos solares. El cuero del maletín retumbó sonoro en el andén. Y desapareció entre manos y mentes ajenas. Lo viste alejarse con el dinero de los cigarros clandestinos y los golfeados premiadores. Tu cuerpo se anexaba a la masa, caía como en una configuración absoluta, predestinada. Ángulos encajándose en ángulos. Tal vez era mejor así: no había allí espacio para otra cosa que no fuera hombres.

     Te sostuviste allí, como rezando, con las dos manos rodeando con fuerza aquel arcaduz central, que crecía como una estaca atravesando la maquinaria. La presión continuaba, de un lado y de otro. Los gritos, las peleas, los cuidaoqueaquíhayunaniñas. Tan solo escuchabas los llantos de la pequeña, oculta bajo un mar de cabezas, de rostros negros, blancos, brillantes, vacíos. Y tu cuerpo frágil en el medio. Entre una pugna eterna, irresoluble. Y tu cuerpo frágil en el medio. Sentiste algo crujir, bajo tu pecho, entre tus costillas. Te sentiste desvanecer, sentiste el sudor espeso abandonando a raudales tu cuerpo. Y dolía, dolía muchísimo. Pero lo habías aceptado y no había vuelta atrás... ni adelante, ni a los lados. Un perenne estancamiento. Y tu cuerpo frágil en el medio.

     Cerraste los ojos un momento, dejaste de pelear. Pronto y paulatinamente te convenciste de que aquel incomprensible mar de carne no te oprimía: te sostenía. Así, te dejaste llevar. Esta vez gozaste, casi con un placer cínico, de la proximidad, de los toqueteos fortuitos o intencionales, de la respiración seductora en tu oído. Fuiste de ellos, de todos, por un segundo. Fuiste pueblo.

     Sumido en tu éxtasis epifánico no te diste cuenta de lo que decía el operador. Oíste, como palabras pronunciadas por un fantasma, tren, falla, servicio comercial... Y con el mismo aire fantasmagórico, las piernas a tu alrededor descendieron una a una del tren, de vuelta al perpetuo andén. Pero no tú. Te quedaste allí, como petrificado alrededor del poste. La presión se alejaba de tu cuerpo, liberaba tus hombros, tus costillas. Lágrimas densas se acumularon en tus ojos, en tus mejillas. No quisiste bajar la vista, pero advertías cercano el olor de la sangre. El charco escarlata se extendía bajo tus pies, como un vestido de rosas. Volviste tu mirada hacia la puerta. Tus ojos imploraban algo que allí ya no había. Te sentiste, por un segundo, indefenso, engañado. Pero realmente era tu culpa. Lo sabías muy en el fondo. De repente, la fuerza en tus manos ya no fue suficiente. Caíste al piso con un estrépito resonante; tus huesos traqueteando bajo la tela, brazos y piernas contorsionándose en inquietante desorden. Viste las luces del vagón apagarse. Y tu cuerpo frágil en el medio.



     Las puertas se cerraron de par en par.








Luz

miércoles, 4 de abril de 2018

Epístola #34: epílogo










Miércoles.

Desperté, otro dia, otra oportunidad para revolcarme en este charco de ruinas e intentos fallidos, otro momento para seguir recordando, seguir afirmando que mi vida está llena de huecos e inestabilidad, como podría brindar amor si mi amor propio se encuentra en camino y con retraso, seguramente en la via ocurrió un accidente y se encuentra atascado en el mismo o quizás no viene porque no quiere llegar a mi, ¿cómo saberlo? Lágrimas, otra vez lágrimas no se cansan de salir a pasear, quieren mojar todos los días las esquinas de mis ojos, quieren ser tocadas por mis labios, quiero hacer un intento de sentirme bien, quiero levantar la frente, ver hacia adelante, dedicar una sonrisa al mundo y decirle "nos has podido vencerme hijo de puta" pero ¿a quién engaño?, falta más voluntad, falta más que eso, mucho más, y no lo encuentro, estoy buscando el momento perfecto y es como buscar una aguja en un pajar, como intentar encontrar calma en este abismo, caigo, recaigo, no logro levantarme, en cada intento termino chocando más fuerte con el suelo, decaigo otra vez solo para recordar que las acciones inútiles no tienen efecto alguno en la realidad pero, ¿cuál realidad? ¿Estás seguro de que realmente vivimos? ¿Y si solo somos piezas de un juego de algún otro ser extraño que domina nuestras vidas y por esa razón las cosas nunca pasan como queremos? ¿y si todo fuese mentira? Una farsa, blasfemia ¿como te sentirías? Te llenas de esa gran decepción que ahora yo siento, que ahora yo vivo, ¿como ignorar estas cosas? Dime que por favor esto sirve de algo, dime que seran escuchados estos gritos de auxilio asfixiados entre estas letras, hazle saber al mundo cuando yo ya no esté, que hubo una persona que creía ser dominada por otra fuerza y que pensaba que la vida era una mentira en su totalidad, que al mirar al cielo y recordar estas letras razonen y puedan llegar más al fondo de mis inconclusas conclusiones.



sombra





Sociedad unida de Babiecos









Ayer, muy sorprendido, me enteré del inminente colapso de la sociedad. Así es, no hay forma alguna de escapar a la destrucción, empezará por el absoluto abandono del cultivo y los trabajos en fabricas, y el abandono de todos los rubros y sectores del mercado. Ante la falta de fuerza obrera en general, la falta de comida en los anaqueles destruirá la vida como la conocemos, porque tampoco se harán nuevos descubrimientos o nuevas técnicas que puedan remplazar la mano de obra. Cada hombre, mujer y niño empezara a morir de inanición en su propia casa, frente a su computadora.

Este panorama devastador no es causado por un virus, un cambio climático o invasión de ningún tipo. Sera únicamente causada por una generación de Babiecos: hombres y mujeres incapaces de trabajar, de decidir o ser útiles en forma alguna; a excepción de unas pocas linternas que brillan en la oscuridad y a la vieja usanza trabajan, incluso con las uñas, hasta el cansancio; no parece haber forma de escapar del fin, los días estan contados Temed.

Los que crean que en las salas de chat o las redes sociales se habla únicamente de tonterías propias de la edad de estas generaciones están muy errados, detrás de cada meme, de cada video viral y de cada trending topic se oculta la idea de un suicidio masivo, más allá de colectivo ¡mundial! Organizado por mi propia generación y en aras de la pereza y nada más. Tan terrible es esta desidia que ni siquiera tiene como motivo un fin ecologista, de protesta o de ningún tipo, solo somos tan inútiles que causaremos el colapso total de la sociedad.

Las generaciones anteriores están en pánico, piensan en que tendrán que reconstruir nuevamente la civilización, ¿pero con qué fuerzas? Se preguntan, si ellos han trabajado toda su vida para poder mantenerse y a esta nueva e inútil generación. Además, el tiempo que les tomó crear esta generación de Babiecos sería perdido; por otra parte como son ellos los que nos han criado, y creado, temen un nuevo fracaso.

Afortunamente acostumbrados a luchar contra todo tipo de adversidades este contratiempo está muy lejos de desanimarlos y están dispuestos a ser la ultima generación en llevar el nombre de humanidad, estos señores y señoras valientemente se disponen a ser los últimos humanos en la tierra, puesto que después de la caída de la civilización como la crearon ellos (que ha demostrado ser mucho mejor que la de sus padres, que erradamente criticaron su magnifico progreso y la abolicion de los métodos arcaicos y las ideas obsoletas) no hay manera pues de que pueda sobrevivir la humanidad, los más conscientes admiten que es su culpa haber perfeccionado la sociedad al punto que solo queda su inminente destrucción, los más críticos reconocen que la nueva generación carece de la fuerza y el espíritu de lucha para seguir luchando por las injusticias que aún prevalecen y contra las que ellos solos y sin ayuda combaten.







Alex~

martes, 3 de abril de 2018

Ridículo












A él se le llama como si se tratara de mi o de ti
En personal(?)
Ni-
No
como... tomarlo personal (?)
Ni
No
Como si fuese mío
Perdón,
Disculpe
Permisito
Lo siento,
(Corrijo)
En primera persona
Con eme al final.

Llamarle suena como música
como la mejor mezcla de  un buen diyey
o como algo que sabe muy bien
Sólo que con -ye- en vez de eñe-


A él se le llama y acude cómo cuando llamas al canino más dulce
Como lo suave que queda la piel después del talco y el perfume
-no hay excusas para huir
ya que ni su olor se esfuma-

A él se le llama como si se tratara de ti o de mi
aunque con eme al final
como la más clara onomatopeya musical
como todo lo absurdamente redundante.

Es ridículo, lo sé
 lo absurdo que suena llamarlo
hasta que me veo llamándolo y sintiendo que tengo lejísimo lo dulce
 y llenísimas  de azúcar todas mis bocas cuando pronuncio
apenas
el principio de su nombre.




~Limonea












Virgen impoluta del silencio







Por las ramas
caen los frutos
de tus colmenas,
colmada sed
e inerte soledad.

Es él un centro que no
soy yo
porque mi derecha mejilla
es el centro
campista de tus campos.

Ya no eres la virgen impoluta
del silencio
eres más bien la antonímica
divinidad.

Destrúyeme
pero no abandones
tu centro.

No soy tan egoísta.





krissem





sábado, 31 de marzo de 2018

Gracias










Benditas sean
las cejas de mi madre, los labios de mi padre.
Benditos sean.
Los consejos y las noches,
los días y la escuela y las comidas.
Benditos sean los inexplicables miedos,
la luz iluminando el muro.
Benditas sean estas lágrimas pesadas, boscosas.
Y el color y las formas.
Benditos sean.

Bendita sea esa falaz infancia.

Yo (no) soy
este fuego consum(i/a)do.








                                                                                                                                                             Luz

viernes, 30 de marzo de 2018

Canto inverso







He visto cosas irreales...

He visto atardeceres arder en noches de invierno
Muchedumbre a los pies de una carne magra
Marginados rezando en templos
Fieles jugando a las escondidas con el azar
Gitanos quemando castillos
Cabezas cerradas en piernas alegres
Ludopatía divorciada del alcoholismo
Doctores rimando, letrados curando
Niños castigando adultos
Adultos comportarse como niños
Risa en velorios
Llanto en nacimientos
Caminar con las manos, y escribir con los pies
Amores frios, pasiones secas, amantes desencantados
Justos en cárceles, prisioneros libres


Sí... he visto cosas irreales.

El alma...
El alma escribe pero el cuerpo está muerto.








–darkpain

lunes, 19 de marzo de 2018

Desviación estándar












Por un momento no supe si debía escribir en un sitio, u otro, pero luego reconocí el tinte confesional de mis dedos, en las hojas manchadas que dejé en el escritorio del camino. Al tiempo, reconocí lo confuso que resultaba analizar las manchas, y entendí que estaba en presencia de un híbrido. La ebriedad es mental en medida de lo posible, pues imposible se hace cuando ya la ebriedad no es mental. Quizá, sí, tautológico. Esa sensación de ebriedad me la recuerda perfectamente la bebida que más me alcoholiza: el ron. Un buen trago puede hacerme recordar mil locuras, es una especie de entrada a un mundo pluricorde en el que todo lo que hay, escapa a Funes, el memorioso. Esa necesidad de liberarse para escribir, es la misma que hay y se ejecuta para actuar. Me recuerdo ebrio, caminando a las cocinas, buscando no sé qué. O ebrio, caminando hacia los baños, buscando orinar. En el camino siempre veía el suelo y me decía estás feo. En el espejo nunca me decía nada, irónicamente. Solo sonreía, quizá. Mentalmente pasaba de todo. Solía analizarme como otra persona, pero en silencio. Juicio silencioso. Así luce un ebrio. Mira los ojos, allí está todo, ¿no, Chico? Bioy Casares era el que recordaba, de la enciclopedia, que los espejos y la cópula eran abominables, ¿no? Por multiplicar a los hombres. Aturdimiento, también recuerdo. Y, por supuesto, mareos. Desorientación, para ser más preciso. Lo más insólito es que, por más desorientación, siempre se llega al objetivo. La desviación estándar de uno (uno siendo media aritmética) llega a su máximo entonces, pero nunca es suficiente para matar a un ruiseñor. Después de todo, no pones datos errados en un informe. Mucho menos calculas desviaciones estándares de datos errados. La susodicha desviación es un progreso en la humanidad: es la aceptación de lo distinto, de lo imperfecto, de la humanidad. Créaseme cuando digo que hoy la idealización de lo perfecto ocurre aceptando orgullosamente que somos imperfectos. Hasta da grima escribir esas cosas juntas, pues forman parte de una discursividad posmoderna que desvaría constantemente sobre temas ulteriores diacrónicamente. Es decir, ese orgullo, en realidad es la debilidad hecha mentira, que asimismo se vuelve verdad. Quizá es el proceso más natural, biosicológicamente hablando. Definitivamente funciona. Y funciona porque el primer paso para mentir, es creerte, tú mismo, tu propia mentira. Así suelen pasar desapercibidos los espías ante un polígrafo. Estos mal-llamados detectores de mentiras miden respuestas fisiológicas del interrogado que serán comparadas con respuestas 'canon' que se registran en un handbook. O así recuerdo. Quizá lo confundo con aquel método de Espectroscopía de Infrarrojos con la Transformada de Fourier que usé en mis pasantías de química. Hacíamos las espectroscopías y los resultados eran curvas de datos que no podíamos interpretar sin el handbook correspondiente, que hacía las veces de leyenda para cada fragmento de la curva. Así, este pico es nitrógeno, este otro es el isómero del carbono, estos dos son hidrógenos, radicales libres. Miéntete a ti mismo, y no te pondrás nervioso, no sudarás, ni temblarás, mucho menos emitirás ondas, frecuencias, o producirás hormonas relacionadas con la mentira. Porque la mentira solo es mentira cuando sabes que es mentira. Si no sabes que es mentira, entonces o es verdad, o es algo incomprobado por el momento, pero no necesariamente falso. El polígrafo es débil en ese aspecto, siempre lo ha sido. No se debería poder medir la veracidad de una mentira si este último ente es un entramado psicológico, moral e, inclusive, un ente existente que se sale de un hipotético carácter óntico y raya en el carácter ontológico de su propia esencia; ser. Recuerdo especialmente a Azula afirmando muy verosimilmente que era un oso gigantesco frente a una tipa (con su animal) que sabía detectar mentiras. O algo así. Por eso funciona. Y seguirá haciéndolo. Es difícil recuperar una idea sin ser específico cuando ya tienes un tema de por medio que casualmente también es referenciado por la oración que quieres hacer que haga regresar a. Ese 'regresar a' foucaltiano. Las preposiciones al final de una oración son... Actualmente no sé si ya Fundéu recomienda su desuso, o si está permitido prescriptivamente, pero, digamos que no es válido, a priori. No estamos en inglés. Pero sabemos de. ¿No? Es divertido. Al final, funciona. He hablado de todo menos de lo que quería hablar: el tiempo es temporal, y no todas las estrellas que se ven en el cielo, son estrellas. Las estrellas fugaces no son estrellas, son asteroides, o meteoritos, y si son fugaces, porque vienen y se van, pasan y quizá no las veamos más, entonces todas las -verdaderas- estrellas del cielo son fugaces. Solo que tardan más en pasar. Por eso el tiempo es temporal, y las estrellas son estrellas, pero las fugaces no; excepto estas. Las reales, son fugaces también. Pero se repiten día a día, con periodos raros pero notables. El tiempo nos da la clave. Si fuéramos hormigas, que, debido a su pequeño tamaño, relacionando espacio-tiempo, notan el tiempo más lento (con respecto a nosotros), viéramos aquellas estrellas que para nosotros son fugaces, como estrellas normales que van pasando poco a poco por los límites de la bóveda celeste. Y las normales seguirían siendo normales, ¿no? Solo que un poco más lentas en sus andares. Irónico darse cuenta de que todas las estrellas siempre fueron fugaces, y que pudimos haber pedido miles de deseos. Ahora que la magia se ha ido, ya quizá no vale la pena ni mirar al cielo, pues se acabaron los deseos. ¿Por qué pedirle deseos a algo común, que siempre puedo ver y además entender? Al menos aún existe Dios, aunque Nietzsche haya demostrado que ya está muerto.












-JLKr

lunes, 12 de marzo de 2018

Moscas









Ah,
¡Cuán necesario es el exilio!
cuando todas las voces de los otros son como ruido de mosca en la mañana
y vuelan entre tópicos de mierda
y danzan sobre lo más bajo de las superficialidades. 

No quiero más volver a donde habito
Mis alas son montaña 
y no pueden reposar en cosas diminutas mis piernas son tan grandes que no me sostienen una frágil rama, 
¡nunca tuve patas!
Tampoco como carroña.

Veo con frecuencia en mi reflejo breve
que picoteo aguas insipidas 
 e ignoro el néctar de las flores 
pretendo apagar mi fuego 
volar volar
sin escuchar risas estúpidas 
estúpidas
 estúpidas 
estúpidas 

A veces, 
pido a las hechiceras truequear mis alas
por un puesto en la nasa
un traje de astronauta 
y un maldito cohete espacial.








domingo, 11 de marzo de 2018

p o l i -








Un cuoco,
una comida,
to eat,
comestible.
an unbeknownst to noi
sapore,
bocado in
cucchiaio.
Apri la bouche
get in that shit.

Secondi...

Es nuevo
nuovo
new nouveau.

Expectantes
núbiles or newbies?

C'est la questione.






Krissem

domingo, 25 de febrero de 2018

Carne de festival









El verso y el mundo
arden
aquí 
donde me rizo las pestañas 
frente al espejo                                                    
en los carnavales del sur. 

No me apresura el go te o 
ni el maíz quemándose
ni los pasos del amor 
que siento venir 
por los pasillos 
de la radio.

Afilo los cuchillos en las quemaduras 
muerdo la goma
espío el sonido falso de los autos
como el de mi propia risa 
a ver si me descubro máquina o divinidad 
y rezo.

Rezo que se oculte el sol esta mañana
¡pero son las fiestas de la carne!
y todo se sigue
que man do
mientras el agua 
go te a. 

La salsa salpica en mis oídos 
y escucho a morlock
mi morlock ciénaga del valle 
mi morlock macondo de la gran colombia
de miercoles sin buhoneros 
ni esperanzas de encontrar 
lo que te estaba buscando en el boulevard 
de la sabana grande
donde los pasos de todos se abarrotan de asfalto y trozos de circo neoyorkino
Kino!
kino! 
¡compralo y... gánate una vida!
y si te alcanza para un golfeado
¡destrozalo y repartelo con los mil morlocks de boulevard que te rodean hambrientos!
con los pies arropados y rotos de asfalto 
¡y no te reproches el rugido visceral de tus tripas! 
porque ya ni la bondad pasa por el boulevard
y los morlocks tienen hambre 
y los otros te premian por saberlo y por gritarlo
¡UN APLAUSO!
¡UN APLAUSO!
y nadie y ninguno construyeron una casa
y nadie y ninguno hicieron nada
porque es más barato el circo 
y a cambio te regalan máscaras 
y máscaras
Y MÁSCARAS 
más caras que la comida.
¡Pero por supuesto
todos sonríen porque es carnaval!

Aunque nos estemos secando allá 
mientras aquí 
el agua go te a
y go te a 
y no moja ni transparenta la cortina maldita 
de la festividad.







-limonea del toboso.



Carta de renuncia












De ti aprendí
que la poesía no tiene cosa
no porque tú me lo enseñases
sino porque a ti yo te lo enseñé;

y es que a veces me dan ganas
de decir antibarbaridades,
ya sabes,
esas pintorreteadas secreciones inexorables del ego inmancillado
que nadie entiende;
hay muchos que de verdad creen
que la poesía es... Eso,
darle al enter y cortar las
líneas
en sitios en los cua[
les] nadie las cortaría
y usar los 
corchetes
para hacer sentir que allí hay
algo
o darle al
espacio y               colocar
cosas
                                                           separadas
marginadas                                                                                    marginadas
otros muchos bastantes algunos también aman quieren adoran la sinonímia excesiva
ensordecedora
otros le meten duro y que jode a la excelsitud literaria
(eso de no bichar poesía con líricas coloquiales, o groserias)
a mí me da risa
la sobre[                          
adjetiva
                     ción]
porque es más de lo mismo, casi siempre
la hermosamente preciosa y bonita Linda,
es como con los infinitivos rimar
para al pobre literato impresionar
y al literato rico despotricar.

Qué más da, ¿no?
Al fin y al cabo,
Bécquer:
¿Qué es poesía?
Licencias.
Solo que no son
las que tratan de métrica
sino las que van sobre sicología.

Te lo dije:
la poesía es mentira,
todo poema es una mentira.
Después de todo,
Pessoa:

El poeta es un fingidor
finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente...

También se trata de que
mientras menos se entienda
más poético es.
Es decir:
Tampoco no se trata también de que 
mientras no más se desdesentienda
menos no más antipoético no es.

Todo es mentira,
todo es una farsa.
Decía Hegel que los grandes eventos suceden dos veces en la vida
y Marx agregó que la primera
vez
era tragedia
y la segunda
una farsa.

Somos tragifalsos
ya no más
tragicómicos.

Me causa gracia.
Hay poetastros,
y poetas.

Yo soy el mejor primero
y ustedes los peores segundos.

¿O cómo era?








Krissem






Danse macabre








¿Recuerdas cómo era sentirse sentir felicidad feliz?
Que llegaba mamá y saltabas
y, papá, jamás estabas

Entonces la luna me ¿o té? hablaba en lengua ancestral
y t'u, abuelo, en los rincones oscuros
donde estaba su prenda, ¿dónde estaba?
sus huesos
estaban enterrados sus huesos.

Nosotros yo est'aba/mos/ en la felicidad felices feliz
tú, ahora, ya.

Mamá lo sabe,
mamá está muriéndose en el hospital,
tú ustedes ellas muriéndose en el hipocresía.

nos parieron para tener alguien que llorara
cuando llegaran los hospitales

tengo hambre
¿dame tus huesos?
¿madre, dame tus huesos?
madre tus huesos

ellos están quebrando tus huesos







Rojo